La improvisación musical es el eje fundamental del Sistema Pedagógico del IEM.
La música es un lenguaje que se lee, se escribe y se habla. La educación musical tiene como objetivo enseñarnos a escribir y a leer, pero se olvida frecuentemente de enseñarnos a hablar, porque hablar no sólo es decir lo que otros han escrito sino, sobre todo, aquello el músico quiera decir en cada momento.
La formación de músicos se entiende generalmente en dos vertientes principales: la interpretación y la composición. Es intérprete el músico capacitado para transmitirnos un mensaje escrito por otro. Es compositor el músico que sabe inventar y escribir nuevos mensajes. La inmensa mayoría de los músicos son intérpretes y la educación musical se enfoca exclusivamente a esta función hasta bien adelantados los estudios.
Improvisar música es saber expresarse correctamente en el lenguaje musical con el instrumento propio de cada cual . No sólo es lógico que el músico sepa expresarse en su instrumento sino que no tiene ningún sentido lo contrario, es decir, que no sepa tocar más que aquello que está escrito en una partitura.
Improvisar consiste en utilizar los elementos musicales conocidos para obtener un resultado nuevo
Improvisar es crear , pero no debe entenderse la creación con toda su carga de responsabilidad. Cuando una persona expresa una determinada opinión ante sus amigos no se siente con la obligación de publicar sus ideas sino que utiliza el vocabulario que conoce y ordena las palabras con corrección sintáctica para poder ser entendido. Eso es todo. Llamamos creación o improvisación a este manejo sencillo del lenguaje que permite la expresión correcta de un mensaje propio usando elementos conocidos por todos. En cualquier nivel del proceso educativo el alumno deberá habituarse a crear dentro de los límites de sus conocimientos.
Improvisar es hablar mediante el instrumento particular de cada músico. El Instrumento es naturalmente el medio del que nos servimos para aprender el lenguaje musical y para expresar nuestras ideas. Improvisar no puede ser inventar al azar. Cuando se improvisa, se utilizan reglas conocidas y asimiladas para dar vida a nuevas ideas.
Para hablar música necesitamos comprender los conceptos básicos del Sistema en el que queramos expresarnos, asimilar su sintaxis y conocer sus posibilidades de discurso. Necesitamos palabras, estructuras y formas. ¿Quién y cuándo se aportan estos conocimientos? ¿Quién y cuándo nos permiten utilizarlos para expresar nuestro mensaje?
Muchos críticos utilizan la expresión de “intelectual o elaborada” aplicada a una composición de modo despectivo por considerar que una obra muy trabajada suena “rigida y fría” y por ende hablan de inspiración y espontaneidad para alabar y engrandecer la belleza de una obra. Nosotros opinamos que sería imposible encontrar una obra bella si despojáramos a los autores de intelecto y capacidad de razonamiento y que toda obra es como un edificio, si se construye sin cimientos adecuados se derrumbará al poco tiempo.
El arte no difiere radicalmente de la ciencia puesto que ni aquel es un producto exclusivo de la inspiración (mal entendida) ni ésta se dedica exclusivamente al desarrollo racional. Los investigadores disponen, para cumplir su cometido, de un punto de partida evidente: lo conocido, a partir de lo cual se aplican deducciones e intuiciones que tratan de confirmar una hipótesis de trabajo. Incluso el azar puede llegar a formar parte, en ciertos momentos, de la investigación más intelectual.
Inferimos que la improvisación no es un añadido más o menos ornamental de la formación del músico, sino la sustancia de su formación. La improvisación no es una posibilidad más de completar la formación; lo que ocurre es que sin ella no hay formación.
Improvisar es el resultado de un control del lenguaje, supone un aprendizaje interactivo que comparta técnica y creatividad.
La improvisación musical es por tanto un proceso derivado del conocimiento, una conexión entre conocimiento y práctica, una mezcla de acto racional y creativo.
